PINTURA Y PRE-TEXTOS

Joël Mestre. Catálogo de la exposición Espaverso. Enero de 2005

Roberto Mollá. "Dessin japonais". 2004. Foto © MAO

 
Tengo una amiga radióloga que asegura que los libros de la editorial Pre-Textos y la reciente pintura valenciana, son las únicas cosas exportables y de calidad en nuestra comunidad. ¿Quien no confía hoy en los radiólogos y en esa mirada prodigiosa y penetrante que con la ayuda de un TAC (1) o de una Resonancia, ven lo que a tantos se nos escapa y no queremos reconocer?

La pintura de Roberto nace en Valencia y camino de su primera individual en Madrid ha dado un rodeo pasando por Tokio, Nueva York, Los Ángeles y Massachusetts. La mayor parte de su producción, desde que en 1994 se recluyera en El Perelló junto a Pessoa, Picabia y algunos futuristas, ha sido realizada en su estudio de Valencia. Un noveno piso soleado y cara a Levante, donde la luz es un derroche desde el primer segundo en que amanece. Pero este pintor valenciano no necesita pintarla como sus antepasados, en su lugar Roberto metaboliza energía en imaginación (2) y se deja caldear mientras mira y se comunica por esa otra ventana que es la de su ordenador (3). Pocos como él están siempre tan cerca del Outlook, respondiendo con tanto ingenio y tantas ganas. No es extraño pues que sea un lector compulsivo, de hecho su biblioteca se derrama a estribor de la pantalla. En ella hay catálogos, cómics de Akira Toriyama, Jiro Taniguchi o el Jimmy Corrigan de Ware, hay vila-Matas, azúas, Gómez de la Serna, huidobros (4), tambien literatura japonesa de la mano de Yasunari Kawabata, y por supuesto también los hay de Pre-textos, como A la caza del viento de Claire Goll (5), una de las últimas lecturas que hemos compartido.

El libro de Goll es autobiográfico, un recorrido a través del siglo XX, de sus vanguardias y sus protagonistas. No podemos catalogar este libro entre los manuales de la historia del arte, carece de rigor científico, pero gracias a ello gana en interés y en emotividad, algo en lo que muchos hemos aprendido a confiar sobre otro tipo de argumentos. Claire Goll desnuda metafórica y literalmente a algunos de los personajes que la historia del arte ha encumbrado mostrando su lado más oscuro y algunas de las miserias de las vanguardias que lideraron. Muy pocos salen bien parados de este testimonio, es como si sus protagonistas hubieran infravalorado aquella presencia femenina. Fue amante de Rilke, mujer y compañera del poeta Ivan Goll ,"secretario" de Joyce, conoció a los cabecillas de la vanguardia pero también a esa segunda y tercera fila a veces tan determinante o más genuina que la primera y que la historia del siglo XX ha hecho invisibles o todavía no ha tenido tiempo de citar.

 

Roberto Mollá. Unipacio y Espaverso. 2004

Roberto Mollá. "Unipacio y Espaverso". 2004.

 

En este rastrillo de personajes los hay relevantes, entre ellos Picabia (6), personaje por el que Roberto muestra una gran admiración desde hace mucho tiempo pero que quizá nunca había sido tan explícita como en esta reciente producción que ahora presenta en Madrid o la que presentó en Valencia hace unos meses bajo el título En la ciudad nerviosa. De Picabia, a Roberto, le interesa sobre todo la ausencia de estilo y la utilización de métodos indirectos; precisamente la pared en la que pinta está encarada a la del monitor, y ya sabemos lo violento que resulta en esta situación el que no haya una mínima conversación. Quizá de esa comunicación derive la paleta más fría y plomiza con la que ha trabajado nunca. O quizá sea la banda sonora de estos cuadros, la música de Dwomo, Aviador Dro, El Niño Gusano, Cornelius, Ween o PlastilinaMosh la que haya conseguido este resultado. O la fotografía, la publicidad, el cómic, los videojuegos o esas composiciones constructivistas de rusos tan emblemáticos como Lissitzky o Malevich (7).

Para un personaje pilziano (8), como Roberto, mantener la disciplina de la pintura y el dibujo solo puede entenderse como una necesidad. La pintura de hoy ya no tiene enemigos ni Academia a la que agredir, ni siquiera un patrón o una vanguardia a la que seguir. Lo que hoy hacen excitantes la pintura y el dibujo recae sobre la particularidad de los autores, los ingredientes con los que cocina, y sobre todo reconocer el contexto en el que todos nos movemos; viajamos en un péndulo ocupándonos siempre de las mismas cosas aunque en tiempos diferentes.

 

 

(1) La tomografía axial computerizada (TAC) te trincha en imágenes muy finas como un lomo embuchado y describe toda tu anatomía interna con un rigor y una exactitud que sólo la imaginación de un radiólogo sabe descifrar. La imaginación no tiene porque quitarle rigor a los diagnósticos como no se lo quita a algunas imágenes y a las palabras. Es el caso de Palazuelo, Borges, Savinio, Pla y tantos a los que admiramos.

(2) En una entrevista a Ángel González Garcia (ABC 4.9.2001), el autor de El Resto, recomendaba duramente a los artistas, aunque con acierto, no abandonarse a la imaginación descuidando la vida, de ahí su espanto hacia el surrealismo, y es que detractores del surrealismo los ha habido desde sus comienzos. Sin ir más lejos Andre Breton incluyó a Alberto Savinio en su
Antología del humor negro como uno de los padres o gérmenes del movimiento, mientras que el propio Savinio se pasó la vida intentándose quitar de encima este sambenito y explicando como muy pocos la diferencia entre su arte y el surrealista, un arte que en absoluto desdeñaba la imaginación y que él defendía como "supercivismo".

(3) Baudelaire traslado la condición del arte de un lugar lejano, mítico e inspirado a la vida de la calle y al hombre, para ello construyó la figura del flâneur, ese paseante ocioso, anónimo y observador que sigue pistas confundido entre la muchedumbre. La calle también llega a traves de las ventanas, sean cuales sean, nos conectan con el mundo, podría parecer que esta emisión de vida distrajera la mente o perturbara el trabajo y sin embargo nada tan distinto mas bien parece que inspira de nuevo y concentra, al fin y al cabo vivimos entre los hombres con el pensamiento hasta cuando estamos solos, y es que cada uno es humano a su modo, para algunos la vida de los demás hombres es tan necesaria como el aire y la luz que les rodea.

(4) Sobresale el lomo de Altazor o el viaje en paracaídas algunos de los cantos de tono maquinista han provocado su pintura. Cuenta Claire Goll en sus memorias que Vicente Huidobro flirteaba a menudo con ella. Era un personaje soberbio, excéntrico y desmesurado, pero muy divertido.

(5) La recomendación llegaba desde Sevilla y a través de Juan Bonilla, otro entusiasta del Outlook. Su email puede llegar de Buenos Aires o de Dubrovnik, pero deben ser pocos los días que no consulte su correo en algún cibercafé.

(6) Debió de ser en 1914 cuando Roberto Mollá conoció y se hermanó con Francis Picabia (6b). Apollinaire había organizado una reunión en su casa-estudio del Boulevard Saint-Germain con la intención de hacer de su poema El poeta asesinado una versión teatral de cuya escenografía se encargara Picabia, de la música Alberto Savinio y la puesta en escena fuera de Marius de Zayas. Roberto acudía como amigo del "secretario", un barón cleptómano que ayudaba a Apollinaire en algunas tareas. De aquel experimento apenas nos quedan testimonios, el protagonista de la obra parece que iba a ser "sintetizado en un racimo de bombillas voladoras". El espectáculo lleno de humor, ironía y absurdos no se consumó a causa del comienzo de la guerra. Sólo podemos interpretarlo como un anticipo del Dadaísmo y el comienzo de una amistad que tendría sucesivos encuentros en los años siguientes.

Stephen Hawking y Borges nos han proporcionado argumentos para cuestionar el concepto de tiempo, lo que hace posible que este encuentro tuviera lugar tal vez como lo hemos narrado. Nos remitimos a esa imagen del "pasado en forma de pera" que Hawking defiende en El universo en una cascara de nuez (2002) y a Borges en su relato El jardín de senderos que se bifurcan (1941).

(7) Hay una canción de El Niño Gusano en El escarabajo más grande del mundo (1998) cuyo estribillo dice: "Estoy tan cansado de ser como soy, todo lo que dije lo dijo alguien ya. ¡Qué pena que no sea ruso, señor! ¡Qué pena no ser ruso hoy".

(8) Seguidor de la doctrina de Gottlieb Theodor Pilz, gran impedidor alemán de finales del siglo XVIII cuyo reconocimiento, todavía infravalorado, se debe más a sus omisiones que a sus creaciones. (Ver catálogo Koboclub. 2001)