JUEGOS GÁSTRICOS

Salva Torres. El Mundo. 2 de abril, 1999.

Roberto Mollá. "Ludópata". 1998

Roberto Mollá. "Ludópata". 1998

 

Al igual que sucede con la secreción ácida de las glándulas estomacales encargada de descomponer las proteínas, algunos artistas se valen de su obra para dejar la realidad hecha trizas. Quizá exageremos; convendría decir que vierten su imaginación para subvertir los estrechos moldes por donde discurre el orden.


Roberto Mollá (Valencia, 1966) concibe de esta manera la creación: como un juego de diferentes posibilidades para estómagos de difícil digestión. Influido por la estética oriental, la realidad virtual y el juego como ludopatía creativa, Mollá expone en la Galería Grupo Efe de Godella parte de su obra. Y la expone justo después de haberla mostrado en Tokio, donde por espacio de un mes la Gallery Chika le dio cobijo. De allí volvió impresionado. “Residir nueve meses en un monstruoso Sega Park capaz de albergar a doce millones de ludópatas impenitentes aliviando elevadas concentraciones de adrenalina es toda una experiencia”. Así recuerda Tokio, y así lo expresa en “Ludópatas”, la exposición que hasta el 18 de abril permanecerá en Godella.


Valiéndose de cierta figuración, echa mano de la enzima de su imaginación para descomponer la realidad. Así surgen “Cara andamio”, “Cara ludópata”, “El perro elefante” o “La masajista”, junto a “Game over” (1 y 2) y otra serie de ludópatas con la mirada pixelizada. “La ludopatía como vocación por el juego no muy sana está en casi todos los cuadros. Mediante los píxel del ordenador descompongo y recubro esas miradas ocultando sus identidades. Miradas acostumbradas, por otro lado, a los videojuegos"” explica Mollá. Ese límite fronterizo entre realidad y ficción es el que explora este artista valenciano, que cita a Román Gubern para dejar pistas de su labor creativa: “Se diría que el videojugador intenta emular a Alicia en su acción de atravesar el espejo”. Ese intento, pertinaz, machacón, por entrar en otros mundos es patente en los cuadros de Mollá. Y lo hace siguiendo el consejo de los surrealistas franceses, cuando decían que existen otros mundos pero están en éste. “Me gusta mezclar lo figurativo con lo abstracto. De hecho, toco temas tan actuales como los experimentos genéticos y las mutaciones”. Impulsado por la “energía brutal” que, dice, existe en los ambientes artísticos de Tokio, Roberto Mollá habla de su exposición como si estuviera a punto de caer por la madriguera del conejo del “País de las Maravillas”. “Me gusta, además, combinar lo geométrico, lo abstracto, contando historias como si fueran cómics”. Y el humor, que no deja de ser otro líquido, convierte la galería donde expone en un gran salón recreativo. “Ludópatas” es, pues, una muestra de la realidad virtual como válvula de escape. ¿El juego como liberación? La respuesta, en la Galería Grupo Efe de Godella. 
 


Roberto Mollá. "Buy or Die". 1997

Roberto Mollá. "Buy or Die·. 1997