Álbum de negativos anónimos adquirido en el rastro del Santuario Togo. Tokio.

 

Yoshio, título provisional del proyecto, es una serie de dibujos y fotomontajes directamente inspirados en una colección de negativos anónimos japoneses de los años 40 adquiridos en el rastro del santuario Togo en Tokio.

Los 250 negativos se encontraban archivados en dos pequeños álbumes que contenían también sendos cuadernillos de notas. Estas notas, en apretada caligrafía japonesa, hacen referencia a algunos lugares, nombres propios y fecha de las imágenes. Gracias a la ayuda del fotógrafo Akita, que tradujo los kanjis, pudimos establecer que las imágenes fueron tomadas del año 15 al 17 del periodo Showa, es decir de 1940 a 1942, en plena hegemonía japonesa durante la 2ª Guerra Mundial. Uno de los nombres propios que aparece en el cuadernillo es el de Yoshio, probablemente uno de los retratados o, quizás, el nombre del fotógrafo, y de ahí el nombre provisional del presente proyecto.

La colección de negativos muestran la vida cotidiana del que parece un estudiante japonés de clase media: excursiones, investigación en un laboratorio, visitas a casas de té, competiciones deportivas, etc. Contrasta la apacible vida de este grupo de personas con el belicismo de la época que se intuye no obstante en banderas nacionales y uniformes. La puesta en escena de las fotografías y su estética es, en ocasiones, próxima a la que en aquella misma época caracterizaba al maestro Ueda Shoji.

La intención del proyecto es fabular sobre las personas que aparecen en estas fotografías, aproximarse a la época y a los lugares e imaginar que, junto a los negativos, se hubiera podido adquirir una carpeta con cartas, dibujos y fotomontajes del anónimo fotógrafo. A través de la construcción de este personaje se formulará un relato sobre la identidad, el anonimato, la elaboración de ficciones y el juego como una de las bellas artes. Una consecuencia teórica de esta aproximación a los años 20-30 del arte japonés será la obtención de datos sobre una doble influencia de la que no existen muchos estudios en Occidente: la de las vanguardias europeas en los artistas japoneses de las mencionadas décadas así como la de éstos en los artistas representantes del actual pop japonés, artistas de tremendo éxito en Europa y EEUU.

La serie Yoshio estará formada por las propias fotografías confrontadas a una serie de dibujos y fotomontajes realizados con la poética de la ilustración japonesa y el manga de los años 30 y 40. Esta poética, lejos de estar caduca, es muy próxima, como he mencionado anteriormente, al trabajo de artistas japoneses actuales, como la mencionada Ai Yamaguchi, Akira Yamaguchi o Aida Makoto, así como a cierto dibujo europeo de la época llamada de retorno al orden. Como si el picabiano ojo cacodilato de los años 20 se hubiese trasladado a un salón de mah-jong de Yokohama. Los dibujos se realizarán sobre papel japonés con grafito, tinta, acuarela y gouache, y se situarán en un punto donde se cruzan los trabajos de artistas de los años 30 como Daizaburo con los de los más jóvenes representantes del Superflat tokiota. Los fotomontajes utilizarán imágenes de revistas japonesas de la época y tendrán ecos de los artistas de la Bauhaus Iwao Yamawaki o Marianne Brandt.

Parte del proyecto se llevará a cabo en Tokio y en áreas rurales de Japón donde se recogerá material gráfico en rastros y librerías segunda mano. 
 

 

Yoshio. Fotografía anónima (circa 1940-42). Colección de Roberto Mollá